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Nueva York, favores viajeros.

Publicado por RobsMX en

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Cada que pienso en Nueva York algo raro pasa en mi. Imágenes vienen a mi mente, sensaciones recorren mi cuerpo, olores inundan mi nariz. Es que hablar de NUeva York no es solo hablar de una ciudad, es hablar de toda una manera de ver y vivir el mundo. Es hablar de la forma que nos sentimos con el solo hecho de recorrer sus calles y de siempre voltear a las alturas para tratar de divisar el final de los miles de edificios que nos rodean.

Nueva york es una ciudad que no deja de sorprendernos como visitantes y que por el sólo hecho de recorrer sus calles, cualquier cosa puede suceder. Desde la gran historia de amor que siempre hemos soñado, hasta encontrar el hot dog más delicioso que podamos (aunque nos podríamos llevar una gran decepción al probarlo frío y seco). Pero así es Nueva York una vorágine de historias que la hacen única.

A mi me pasó, sentir la magia que la hace única. Quizá seamos nosotros mismos los que provocamos (evocamos) vivir esas historias.Robsmx favores 03

00:30 hrs.

Dejar la ciudad nos provoca un sentimiento de tristeza, de nostalgia y una necesidad de no querer dejar de caminar entre multitudes y edificios; si a eso le sumamos el apuro de no haber tomado en tiempo el autobús para llegar al aeropuerto y le agregamos la frialdad del aeropuerto, podemos pensar que fue una noche demasiado triste: dejar nueva york, Ir tarde y estar perdido entre mostradores de registro.

Aquél día, por primera vez, pude sentir la frialdad de un aeropuerto. 00:30, locales y tiendas cerradas, pasillos vacíos, áreas a medio iluminar, pocas personas que te puedan orientar; pero creo que lo más vacío eran mis ganas de irme y eso lo observaba en cada persona que caminaba junto a mi, con su maleta y chamarra al hombro.

00:45 hrs. Más de una hora para abordar mi vuelo.

Después de 12 horas sin probar alimento, mi estómago se encarga de recordarme que no solo mis emociones y el aeropuerto están vacíos. Qué más da olvidarse de uno mientras tratas de guardar todos y cada uno de tus últimos momentos en la gran manzana.

Mis dólares se acabaron justo al momento de pagar el camión al aeropuerto. ¿Para qué necesitaba más dólares al entrar a México? Dentro del Aeropuerto estaba a salvo, el paraíso de las divisas y de las tarjetas de crédito.

1:00 hrs.

Rob, camina los pasillos a medio iluminar, no encuentra nada de comida. Rob camina por otro pasillo desolado, nada de comida. Rob encuentra una máquina dispensadora de comida. Su estómago cruje. Sólo acepta dólares (lógico ¿no?). Rob sigue caminando, pensando en esperar a la comida del avión en aproximadamente 90 minutos. Sigue caminando con la esperanza de encontrar algo, literal: algo.

1:10 hrs.

Rob (yo) está (estoy) apunto de desfallecer (en mi mente) y veo al final de otro pasillo largo, solo, medio iluminado y abandonado, una gran M iluminada que indica que hay un Mc donalds.  Mi cara se ilumina y literal sigo la luz al final del pasillo.

Llego, me formo, sonrío, y me dirijo a la caja.

– Qué paquete desea (en inglés obviamente)
– La big mac doble, please (ahora si, verdad)
– Perfecto ( preguntas y más preguntas sobre papas, hamburguesas y refrescos)
– Serán 12 dólares, please (otra vez, pa que no digan)
– Claro – Saco la tarjeta de crédito.
– No señor (desde que me llaman señor no me gusta) su tarjeta no pasa
– Mmm – Pienso para mi: pero es la tarjeta que he estado usando en todo el viaje y no había tenido problema alguno.
– Pásala otra vez, please. – Detrás del mostrador cruzaba los dedos.
– No, no pasa.
– A ver prueba con esta otra – saco otra tarjeta y comienzo a rezar en mi mente.
– No, tampoco pasa. ¿No tiene otra forma de pago ?

En ese momento recapitulé toda mi hazaña por el aeropuerto para poder alimentarme. La estaba saboreando y al mismo tiempo veía tan lejana mi hamburguesa, un sentimiento encontrado. Otra forma de pago no tenía, estaba seguro que era su lector de tarjeta el que no funcionaba, pero atrás de mi había más personas (me imagino en condiciones de hambre similares) y decido retirarme para esperar a los “deliciosos” baguettes fríos del avión.

Muchas gracias, así está bien.

1:18 hrs.

Me salgo de la fila, decido a regresar por ese pasillo oscuro que momentos antes me había traído a la luz del Mc donalds.

Oiga señor, señor ¡¡¡ – Oía que gritaban a lo lejos, pero mi mente estaba negociando con mi estómago para ser fuertes y resistir.
Señor – En eso volteo y la chica me hace regresar a la caja – Está pagada su hamburguesa.

¿Cómo? Le trato de explicar que no fue exitosa mi transacción, que no era mi orden. A lo que la chica me explica que el señor que estaba detrás en la fila, lo había pagado. Volteo y observo que él (el alma caritativa) estaba recibiendo su bebida, me acerco y le doy las gracias, a lo que responde: You´re welcome¡¡¡ y se va. Así sin decir nada más.

Había pagado mi cuenta de 12 dólares, mientras su compra fue de 1.5 dólares, por un agua natural. No entendía qué había pasado, no tuve tiempo de agradecerle, no tuve tiempo de platicar con él. Sólo lo veía retirándose por ese pasillo largo y a medio iluminar. No supe si sintió lástima por mi, no supe si sintió compasión por mi, no supe si sintió solidaridad conmigo. Así que decidí tomarlo como un regalo final que me hizo Nueva York.

1:20 hrs.

Mientras comía (por fin), pensé en lo que me acababa de suceder. Primero agradecí que aún existan este tipo de personas que se solidarizan con otros sin esperar nada a cambio. De manera personal decidí aceptarlo y ponerlo en mi lista de favores recibidos mientras viajo. En la próxima ocasión que encuentre algún viajero en apuros lo ayudaré sin pensarlo ni esperar nada a cambio.

Robsmx favores 02

 

 

De esta anécdota aprendí tres cosas:

1.- Nueva York nunca deja de sorprenderte, 2.- Aún existen personas que se solidarizan con extraños sin esperar nada a cambio, 3.- Mientras viajas hay una especie de intercambio de favores no acordado: un día te toca ayuda de alguien extraño, otro día te conviertes en ese extraño que ayuda a alguien. 

Pd. Al llegar a la sala de abordar, entré a una tienda de libros (la única que estaba abierta) y compré un libro (aquí si pasó la tarjeta) para leer en el vuelo de regreso. Entonces, decidí dejar ese libro en un sillón del aeropuerto, quizá ése libro podría ayudar a algún otro viajero en alguna otra situación. Esa fue mi manera inmediata de retribuir algo de lo recibido.


1 comentario

Nan Oviedo · 10 enero, 2019 a las 5:11 pm

Viví en Nueva York un tiempo y coincido totalmente contigo. Es una experiencia asombrosa cada minuto, será que somos extranjeros ahí, será que contamos con la maravillosa capacidad de sorprendernos, será que realmente es una ciudad generosa en sucesos. No sé, lo que sí sé es que haber dejado ese libro ahí fue un acto de generosidad enorme par quien lo tomó.

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